Ainara LeGardon by Ainara LeGardon

Hay veces que la suerte nos sonrie y el público ausente durante un tiempo, de repente, formamos parte de ese proceso creativo. Ocurre cuando el propio artista nos lo cuenta y sentimos un poco del mismo escalofrío que siente cuando van surgiendo las canciones. Teníamos muchas ganas de un nuevo disco de Ainara LeGardon y por fín lo podemos escuchar desde su bandcamp. El pre-order está abierto y su edición física verá la luz el próximo 31 de Octubre. Aquí sus palabras, aquí el proceso, aquí el escalofrío:

"La vieja Framus Sorella empieza a rugir. Xabi y yo empezamos a sonreír. “Tú toca”, me dice. Así pasan dos horas. Acabo cargándome uno de los altavoces, y ni siquiera me importa. De esa improvisación surge “Déjalo”, la primera canción con la que este disco comienza a tomar forma. 

Llegué al estudio con cinco amplificadores, al menos cuatro guitarras, y sin una sola canción. Pero allí estaba Xabier Erkizia para desafiarme a extraer de aquellos instrumentos todas las posibilidades que no había tenido ocasión de probar hasta entonces, ya fuera por falta de tiempo, lugar o acompañamiento de alguien que me animara a experimentar con ello. 

Y esta es la razón principal por la que este disco ha podido materializarse, y lo ha hecho de esta forma y no de otra: haber encontrado a la persona que no solo se emociona de igual forma que yo probando nuevos sonidos y experimentando con todas las herramientas a nuestro alcance, sino que me anima (incluso me reta) a darle siempre una vuelta más de tuerca a cada idea, a cada movimiento. A no reparar lo que está roto, sino a aprovechar su belleza y singularidad. 

“Ahora haz acoples de terciopelo”, “quita notas”, “vacía”, “repite la última parte, pero solo una vez”, me pide Xabi. Cuanto más apretamos esa tuerca, más va mutando la idea original hasta convertirse en otra canción: “Frío”. 

En la versión definitiva que aparece en el disco ni está la Sorella, ni el arpegio en forma de vals irregular que da origen a “Déjalo”. En esa canción, como en otras, la idea original que la vertebra acaba descartándose. Básicamente es así como este disco está construido: retorciendo una idea primigenia hasta que muta y se convierte en otra, que también evolucionará y cuya esencia será posteriormente descartada. Las canciones hablan unas de otras. Empiezan a comunicarse en su propio idioma. Me invitan a cambiar el mío, a buscar la forma de conciliar los distintos imaginarios musicales en los que me muevo. 

Y así pasan ocho meses. En el camino me cargo otro altavoz, y tampoco importa. 

Héctor Bardisa y Rubén Martínez nos acompañan en tres sesiones distintas, con varios meses de diferencia entre ellas. Xabi pide a Héctor que golpee los témpanos como si esa fuera la última batería que tocara en su vida, para de ella solo dejar finalmente un pulso lejano. Rubén consigue con el bajo que decidamos prescindir de la voz de todo un estribillo. Hannot Mintegia se nos une la última tarde. Graba gritos y una guitarra distorsionada incomodado por mi presencia, sentada a sus pies, golpeando la caja de su antigua Klira. 

Posteriormente, entre instrumentos malheridos e ideas perdidas, Ramon M. Zabalegi encuentra las huellas y los rastros de eventos que se suceden durante los 57 minutos que dura este disco. Los ordena en un mapa de escala imposible proyectado a través de distintas densidades de azul. 

Jugamos a ser arqueólogos, expertos en tratamiento de residuos, cartógrafos y técnicos en apertura de carreteras por encima de la copa de los árboles. Ninguna idea ha sido truncada. Algunas ni se oyen ni están, pero hacen sombra. 

Salgo del estudio cantando en otro idioma, con dos altavoces menos, un par de guitarras recuperadas y un mapa hecho a base de ecos. Solo me falta encontrar un título. Tal vez no. 

Ainara LeGardon 

Nota: Ningún bosque de esbozos ha sido deforestado en la realización de este disco."