Ronroneando

Artista: 
Fecha: 
Tuesday, April 1, 2008
Formato: 
L.P.

Hace tiempo que recorro este río bajo el mando impreciso de aquel que se esconde bajo la máscara de Sr. Chinarro. Y no sé si debo estar loco imaginando a Antonio Luque comandando una barca como Caronte, ni si estamos atravesando las aguas del mitológico Aqueronte o las turbias del mismísimo Guadalquivir, pero sí que acierto a decir que cada canción firmada por el sevillano ayuda a esta sombra errante a aferrarse un poco más al lado de los vivos, dejando aparcado la llegada a la otra orilla, contradiciendo la labor de tan insigne barquero.

Lo imagino erguido en la parte trasera, sujetando el timón con la axila mientras apunta en una servilleta de papel la conversación entre una monja octogenaria, sin cofia, dejando ver una larga melena blanca que nunca vio la luz del día, un engominado banquero, que pasea sus dorados gemelos cada vez que alza sus manos, mientras sus pies desnudos buscan el abrigo bajo una viejas cuerdas de cáñamo, y un joven que no para de moverse, hacía delante y atrás, con un anillo en cada dedo y peinado extraño.

Y en ese papel de testigo accidental se convierte en el penúltimo trovador poniendo letra y música a pasajes menos suyos y cada día más nuestros. Identificados con un comandante que navega entre la melancolía del ahogado y seco llanto que entona el desencantado perdedor vocacional, y la sonrisa maliciosa del sátiro que dibuja esperpénticos bocetos sobre medidas gubernamentales, o sustanciosos debates televisivos que buscan el morbo de artistas en decadencia, o la enésima buscadora de fama efímera que guardó su vergüenza en el bolsillo mientras abría su bolso de loewe made in china de par en par.

En el fondo del mar yace olvidado envuelto en coral y arena aquella losa de desidia que fuera el tatuaje visible de su brazo izquierdo y que muchos, aún hoy, siguen identificando por bandera de la embarcación. Una imprecisión añorada por unos, mientras otros recogen la respuesta a sus plegarias y, a veces, lamentan que aquella losa fuera un lastre tan pesado en aquellos comienzos y, más aún, piensan por qué tantos y tantos no afilaran el cuchillo de untar mantequilla que rompiera la tensa soga que les une como un cordón umbilical a un recién nacido, sin atreverse a soltarse, viviendo un embarazo perpetuo. 

Ligero. Dando vueltas sin mucho sentido y sin querer llegar a ninguna orilla que ponga freno a un viaje tan desconcertante como desconocido. Desoyendo los augurios envidiosos, y lastimosos, que avecinan temporal en la lontananza, poniendo en entredicho las carencias de la barca de recreo para soportar todos los cambios de viento que dicen acompañar a estas aguas.

Y allí está, erguido con su capa negra. Del pecho le cuelgan cintas de amores no correspondidos, despechos y desengaños, pero no hay bombachos ni bandurrias que adornen la escena, sólo se mueve la capa al son del viento que arrastra aquella barca de apariencia frágil. De los labios se escucha tararear una canción o simplemente es el ronroneo de la satisfacción del que encuentra lo que estaba buscando.

Ronroneando (Mushroom Pillow, 2008), imprescindible.

Música, Sr. Chinarro