Sad boys dance when no one´s watching

Disco: 
Sad boys dance when no one´s watching
Fecha: 
Monday, December 19, 2005
Formato: 
L.P.

Me equivoqué al valorar lo de vivir mirando atrás.
Y si he de crecer, he de cambiar: redirigir lo que no va.

Y vuelve el calor al despertar y voy al salón a ver si estás.
Y te encuentro allí, buscando el mar.
Hablando mal de esta ciudad

De costa a costa

Me siento en aquella silla, la de los brazos gastados, supongo que por el uso, cuyo color original ha desaparecido dejando al descubierto trozos de madera arañada. Enfrente tengo una mesa donde un flexo alumbra una pila de papeles desordenados con distintos tipos de letra. Unos, perfectamente legibles, con el cuidado y perfección que da la tranquilidad y el tiempo. Otros, en los que reina la confusión, donde la incertidumbre y la búsqueda afanosa por la frase adecuada parece que fue una lucha prolongada en el tiempo. Giro la silla mientras escucho el quejido de unas ruedas cansadas de soportar el peso de un cuerpo durante tantas y tantas noches de insomnio. De eternas noches en las que el tiempo pasa sin apenas percibirlo, escuchando quizás una y otra vez la misma canción. Dando vueltas a esa idea sin ser capaz de hacerla viajar a esa hoja en blanco que deslumbra, más aún, bajo la luz del flexo.

En la estantería se pierden discos y libros sin distinción por el formato. Con el desorden que le da la cronología de la compra del ejemplar. Ajeno a modas o a la actualidad que impone la sabiduría de la primera publicación, la cultura va inundando poco a poco los resquicios de la habitación. Hace tiempo que la estantería dejó de ser suficiente para contener la curiosidad de un espíritu inquieto, y comenzó la aventura de la colonización de otros lugares de la habitación. La guitarra, encima de una cama aún sin hacer, está arropada por discos de estilos tan, a priori, diferentes que uno jamás pensó que pudieran estar tan cerca… En el centro, hay un chico que baila con los ojos cerrados, sin darse cuenta que hace tiempo que entré y me senté en su silla…

Sad boys dance when no one’s watching es una instantánea, una ventana desde la que Pepo Márquez nos permite acceder a su mundo, a esa habitación donde residen sus opiniones, sus sentimientos, sus miedos, sus temores, sus alegrías, su experiencia... Son doce canciones en las que los estilos se pierden y se multiplican, desde la desnudez de la voz, acompañada únicamente por la guitarra, a las aventuras musicales, como City Lights II, que parecían propiedad de grupos como Migala, que hicieron de esas bandas sonoras imaginarias su seña de identidad. 

La sílabas, en De costa a costa, van cayendo despacio como gotas de agua, produciendo a veces un dolor ruidoso como si cayeran sobre una plancha metálica. Con esa guitarra eléctrica que arropa a cada una reproduciendo el dolor de un parto difícil, de un mensaje que está a punto de nacer. El homenaje a Lorca en La leyenda del tiempo no es más que otro síntoma que indica que estamos ante un disco que no ha nacido para ser clasificado. Más allá del estereotipo que define al cantautor, mucho más que el folk de un país lejano del que parecen beber los primeros cortes con los que comienza el LP.

Instead of growing up I’m getting old..

Asusta escuchar letras tan cercanas, tristes, soñadoras, descriptivas, críticas con cierto halo de esperanza escondido. Al menos un deseo de redirigir lo que no va. Pero más asusta, quizás, el sentirse tan identificado, el no saber si estás escuchando los sentimientos de otra persona o si realmente está contando los tuyos propios...

 

The Secret Society