Ainara LeGardon

Disco: 
Ainara LeGardon
Artista: 
Fecha: 
Tuesday, October 31, 2017
Formato: 
L.P.

 

Quería escribir una canción pero él no sabía escribir canciones. Pensó en un golpe de suerte, de esos que siempre llegan en todos los documentales biográficos. Primero una antesala de adversidad, luego un recibidor repleto de esfuerzo, después habitaciones llenas de indiferencia y finalmente, en las vitrinas del salón, el premio al sacrificio de tantos años. Pero sabía que nunca llegaría, porque para eso primero hay que creer y él nunca fue un buen creyente. 

Pensó en escribir un cuento porque ya hubo antes cartas y postales. Pero la correspondencia nunca se le dio muy bien, crea demasiadas expectativas a las que nunca creyó estar a la altura. Ni mucho menos, cualquier otra distancia que baje de los cientos de kilómetros de distancia.

 

Empezó entonces un cuento donde los personajes huían antes de ser retratados. La princesa no quería ser rescatada, los lobos tenían miedo y el príncipe fue quién perdió su zapatilla mientras huía en un bosque de árboles de metal. 

El cazador leía periódicos buscando la fecha de su muerte para completar su primer tratado sobre la inmortalidad. En su tesis morían todas los habitantes del bosque. Todos los que no soportaron el frío del acero de noches sin luna. Todos los que escucharon palabras que hieren como cuchillos. Todos los que sufrieron la traición que te hace desangrar lentamente. 

Una princesa encontró una zapatilla perdida en el bosque.

Un príncipe yacía inmóvil con un pié ensangrentado y los ojos abiertos.

Un cazador observa desde lo alto de una colina, dentro de una caseta cubierta con hojas y una minúscula ventana.

Dos lobos esperan un desenlace, hoy no tienen miedo, saben reconocer cuando no son las víctimas.

La luna se esconde detrás de las montañas.

 

El cazador sale de su refugio hacía el cuerpo inmóvil. Se acerca. Sus ojos le miran, su boca sangra con cada aliento. “Se supone que habías muerto”, dice el cazador sintiéndose reconocido.

La princesa caminaba con una zapatilla en un pié y el otro descalzo. 

Los lobos solo tienen que esperar, aunque se equivoquen de víctima.

 

El príncipe habla palabras con sangre: “hay una cosa que no te conté acerca de la inmortalidad, se trata de amar siempre sin esperanza”.

El cazador vuelve a su refugio, decorado ahora con su propia sangre, desde que unos minutos antes descubrió que nunca podría cambiar su mortalidad.

Los lobos reconocen el miedo y protegen al príncipe superviviente. Su víctima aguarda en su refugio en lo alto de la colina. 

La princesa reconoce las heridas y cubre su pie ensangrentado con una zapatilla perdida. 

“Te amé sin esperanza”, sangró el príncipe.

“Confía en mí, soy yo quien te rescata de todos los cuentos”, susurró y gritó la princesa.

La luna iluminó la cara oculta de los árboles.

 

Es ella, ha vuelto, la que nos recata de todos los cuentos.

Ainara LeGardon por Ainara LeGardon.

 

Ainara LeGardon