House and Land + Isasa

Thursday, October 19, 2017 - 21:30
Madrid

Disculpen que no haya fotos, ni ninguna otra prueba material de este recuerdo. Apelo a su confianza y a su imaginación para salvar este impedimento y, por supuesto, el esfuerzo de acompañar la soledad de un texto sin espacio entre tanta urgencia.

Aprovecho la negación de la tecnología, que ese día no quiso encenderse, para llevar nuestro testimonio al terreno que más nos gusta, el de la ficción más desesperada. Tanto es así que nunca creerán que hubo un dios antiguo, al que nadie reza ya, que puso una moneda resucitadora en el cuerpo inmóvil de una muerta. Abrió su pecho, separó sus costillas y accedió a su corazón parado con habilidad forense. Depositó allí la moneda e inmediatamente llenó de costuras aquella franja que separa la vida de la muerte. 

Unos segundos después de abandonar la sala, sus ojos se abrieron aunque su corazón siguiera parado. Ella, que reconoció al instante su segunda oportunidad, eligió instintivamente la despedida. Porque la muerte la eligió un día antes de la cita que le llevó tanto tiempo preparar. Hasta ayer, les separaban el miedo, un juicio y más 10000 kilómetros.  Hoy además tenemos a la muerte de testigo fugaz de un encuentro interrumpido. Aunque, ella todavía no sabe que, entre ese ayer y este hoy, han pasado exactamente 14 años.

Él estaba de vuelta, con su traje de dudas y su casa destruida por el último huracán en contra de su maltrecha autoestima. Aún así, conservaba el rito semanal que se obligó a repetir para convertirlo en rutina. A estas alturas ya era tan normal como todos los demás que se agolpaban el mismo día. Y visitaba ese lugar de cita interrumpida, en el que un día sólo les separaba la distancia y ahora son los años inseparables del miedo y el olvido.

En su viaje de vuelta, ella recogió la tierra que les separaba y escribió 13 leyendas por cada año que no estuvo. La última se la reservaba para cuando le viera por primera vez. Tierra y casa. Estaba sobre el escenario, y no estaba sola, porque esta canción antigua hablaba de kilómetros y euforia interrumpida. 

Disculpen de nuevo que deje esta historia así, tan interrumpida como su amor. Sin querer saber si hubo reencuentro y la moribunda completara su deseo. Pero acabo de reconocer esa nostalgia, la misma que sentimos esa noche en ese concierto de Isasa primero y House and Land después. Supe que algo así tuvo que haber ocurrido, y si no fue así, ya no importa. La nostalgia nos hizo prisioneros y sentimos su dolor y felicidad al mismo tiempo. Y salimos de aquel lugar como marca nuestro rito, esperando si aparece detrás de la puerta. Y creeremos reconocerla siempre que nos encontramos con una chica de piel blanca. La misma que recuerda su tierra a más de 10000 kilómetros de distancia y su casa que está llena de nuestras mismas dudas.