Concierto de The Secret Society

Friday, March 24, 2006 - 22:00
Madrid

 

Uno de los momentos quizás más asombrosos que se puedan dar en una gran ciudad, es asistir como protagonista al encendido de su alumbrado. Más impresionante aún puede resultar el espectáculo si lo presencias subido en tu coche y observas boquiabierto cómo las farolas situadas a ambos extremos de la carretera comienzan a encenderse. El camino comienza a iluminarse, lentamente. No sé si les ha pasado alguna vez a ustedes, pero si ajustas la velocidad del vehículo adecuadamente, tienes la sensación de provocar el encendido de esa luz incandescente con tu paso.

Con esas luces, ya totalmente encendidas e inmerso en la vorágine que supone el centro de una gran ciudad como Madrid, comenzaba el concierto de The Secret Society en el, recuperado de nuevo para conciertos, Café La Palma. Una oportunidad que se antojaba única para presenciar un concierto de Pepo con banda y en formato eléctrico. Lo más próximo al sonido encerrado en ese imprescindible Sad boys dance when no one’s watching (Acuarela, 2005). 

La imperdonable responsabilidad laboral y la lucha contra la indisponibilidad de cobertura telefónica obligaron a presenciar el concierto desde un sitio bastante alejado del escenario, donde las melodías del grupo luchaban contra el sonido procedente de fuera de la sala y el griterío interior, muchas veces insoportable, que impedían escuchar con claridad e intensidad el concierto. En la vuelta del Café La Palmaal circuito madrileño parece que no ha sido a cualquier precio y se echó de menos un poco más de volumen durante toda la actuación. Aún es pronto, quizás, para valorar si fue un hecho aislado o no. 

El concierto comenzó con Moving Units, inicio también de su último disco, canción que desgarra con sus silencios y música que apenas se atreve a acompañar las amargas quejas encerradas. Silencios necesarios que dejan al oyente expectante y reflexivo con lo que acaba de de escuchar y pensando en lo que vendrá. Puntos de apoyo situados estratégicamente dentro de cada canción para incrementar muchas veces el dramatismo o el lamento inherente en su contenido. Silencios que eran apenas perceptibles y que eran rápidamente aprovechados por aquellos que no habían ido a ver el concierto pero que físicamente se encontraban allí, entretenidos en otros menesteres. 

A pesar de todo llegaron esas luces de la ciudad, City lights y City lights II, encadenadas para la ocasión. La tristeza de la primera se une a la rabia poderosa de la segunda, paisaje instrumental magistralmente interpretado por los músicos que acompañaban a Pepo en esa noche. Por un instante cerré los ojos para tener la sensación acuciante de estar sólo en la sala. El poder de las guitarras y la batería sorprendió a los distraídos asistentes para girar sus cabezas y escuchar durante ese instante a ese chico triste que bailaba con su guitarra en el centro del escenario. Las luces se abrían paso con cada acorde para llenar de luz la sala que, a pesar de todo, no dejaba apenas huecos libres.

I miss what I’ve lost, but it’s too late, too late, so turn the lights off.

De regreso, por el mismo camino, ahora totalmente iluminado, las canciones sonaban a todo volumen. Mientras relacionaba mentalmente imágenes con sonidos, en el retrovisor, la ciudad iba desapareciendo poco a poco.