Concierto de Ainara LeGardon

Tuesday, April 25, 2006 - 21:30
Madrid

Casi un año después de la presentación de Each Day a Lie, precisamente también en Moby Dick,Ainara LeGardon volvía a reencontrarse con el público madrileño, esta vez con el tiempo suficiente para haberse detenido a escuchar pausadamente su último trabajo hasta la fecha. Un año donde Ainara ha presentado sus canciones por medio mundo (incluyendo una gira que le ha llevado por prestigiosos clubs de Estados Unidos). Un tiempo que parece empezar a darle la razón, ahora que crítica y público se unen para alabar su trabajo. Su próxima actuación en los festivales más importantes del país, Primavera Sound y FIB, no son un hecho aislado sino un paso más en la línea ascendente de la cantautora. 

Menos de un año también hace de la celebración del pasado festival de cine de San Sebastián donde pudimos asistir al estreno de la última película de Terry Gilliam: Tideland. Una película que nos hizo sentir nostalgia por recuperar esa inocencia que parece ser posesión exclusiva de los niños. Esa terrible sensación de haber perdido la confianza en todo aquello que nos rodea, aquella ingenuidad que tuvimos en algún momento y que nunca permitía pensar en que algo pudiera salir mal. Each Day a Lie refleja esa madurez que conlleva la pérdida de esa inocencia a fuerza de engaño. Esa nueva postura defensiva hacia todo lo que nos rodea y que nos hace más herméticos y desconfiados. Un acercamiento a la fría realidad sin caer en el desaliento. Pero volvamos al principio. 

Se cumple el hecho que el grupo que acompaña a Ainara LeGardon y que sirve de preámbulo o introducción a sus conciertos no es casual, y que merece la pena, y mucho, intentar ser puntuales a la cita y descubrir la sorpresa que nos tiene preparada. Si fue Decapante el grupo encargado de abrir su concierto hace un año, esta vez Petti fue el elegido esta vez para llevar a cabo la no siempre gratificante labor de ser el telonero de un concierto. 

Petti se presentaba acompañado únicamente por su guitarra, acústica o eléctrica dependiendo del tema, ante un público inicialmente curioso y más tarde ruidoso, que comenzaba a llenar la sala. Ciertamente el cantautor navarro dio una lección a aquellos, en los que me incluía, que poníamos en tela de juicio la musicalidad del euskera, pero las canciones, que tuvimos la suerte de escuchar la pasada noche, eran un muestra de intensidad y fuerza que brotaba por una garganta privilegiada. Buenas canciones y, una vez más, se cumplía la máxima. 

Era el turno de Ainara que para la ocasión estaba rodeada por los músicos habituales que le acompañan en directo: Carlos Torero a la batería, Iosu López a la viola y Javier Díez-Ena al contrabajo. Éste último, miembro de Dead Capo, se incorporaba a la formación titular, siendo la de anoche su primera actuación con sus nuevos compañeros. Pocos minutos antes de que salieran al escenario, justo en el centro, brillaba la impresionan batería de Carlos Torero, sin duda, pieza clave de la fuerza de las canciones de Ainara. 

In the mirror, título también de su primer trabajo, fue la canción elegida para dar comienzo al concierto y que puso la primera piedra para construir una actuación basada en sus dos trabajos por igual, sin dejar caer el peso más en uno que en otro. Primeras canciones que nos permitieron comprobar el excelente sonido de la sala, hecho cada vez menos habitual. Hemos visto multiplicar el número de conciertos a raíz del éxito de la música en directo, y con ello el número de festivales y salas se propaga como la pólvora, pero parece que a nadie le importa que suene bien, o al menos no es la principal preocupación de sus responsables, pero muchas veces, desgraciadamente, desluce y hace un flaco favor a la actuación del artista. Durante la noche sólo pudimos observar algunos acoples del contrabajo hacía la mitad del concierto, pero que no quita la sensación general de un excelente sonido. 

La primera parte del concierto estuvo copada por canciones de su primer trabajo, In the mirror, un disco donde las canciones hablan más de esa etapa que uno siente que nada puede salir mal, donde uno sueña con la esperanza de saber que estás ahí, al ver la luz encendida de tu habitación (I saw the light on), soñando contigo (Dreaming about you) e intentando que ese sentimiento sea eterno (impresionante This feeling true). Pero llega Each day a lie y con él ese día extraño (Dry years) donde todo se vuelve en contra, y donde una mentira te hace despertar de lo que pudo ser sólo un sueño (Each day a lie, tremenda), algo que parece que nunca paso y que quieres olvidar (Forget just anything). 

Sin embargo, después de hablar de engaños y mentiras, uno sigue queriendo equivocarse y seguir pensando en que, a pesar que hubo momentos en los que derrotaron a la esperanza (hope defeat), como dijo Terry Guilliam, uno quiere volver por un momento a recuperar la ingenuidad de un niño y comenzar de nuevo a mirar al espejo. 

Gracias Ainara.

 

Fotografías: Álvaro Sanz