Suicida enamorada de la vida

Año: 
2018

Como cada noche de los últimos tres años, atrapó su mirada en un instante. Desde el lugar más alejado de la barra, furtivo, oscuro y extranjero, aprendía todos sus nuevos movimientos. Sus ojos apagados y cansados fingían una derrota, mientras su cuerpo encendido quería proclamar otra victoria. Pero sus ojos no mentían. Para eso era experto en la antropología y psicología a distancia y, sobre todo, en tomar decisiones equivocadas. 

Por las mañanas de los últimos tres años, cuando todos dormían, alumbraba su recuerdo y aprendía de memoria la caligrafía de su cuerpo inventado. Intentando descifrar todo únicamente desde la captura de unos segundos de su mirada. Por eso creía conocerla tan bien, por eso le asalto la duda cuando la vio salir, cuando la noche todavía no había despertado.

Era ahora o nunca, la duda era una excusa de asalto para ese viaje de segundos que la separaban de la barra hasta el letrero luminoso que indicaba la próxima salida. Avanzaba decidida como siempre, con sus medias rotas que decían “camina, camina, nunca mires atrás”. La puerta hizo un ruido metálico al cerrarse. Hubo quién se giró al ver la claridad por un pequeño instante. Y otro, oculto entre las sombras, se lamentaba de su última oportunidad perdida. 

Como todos los actores secundarios, que aparecen como una vaga descripción (el chico de la barra del bar), y no con su nombre, en la lista de créditos de una película, él nunca se atrevería a cruzar su propia frontera de alambres y ella... ella siempre sería la chica del gangster.

Ella es la protagonista de esta historia, y tienen una hermosa novela para saber más. Él no importa. Pero comparten algo, ese instinto suicida que les hizo enamorarse de la vida en algún momento de debilidad. Pero no de esa, ni de esta, sino de la que se inventaron y que no encuentran. Pero la vivieron de alguna forma, sino nadie explicaría la nostalgia que golpea dentro de la cabeza y que recibe un corazón frágil. Después de tantos años de construir una coraza, se descubre su punto débil por puro descuido premeditado.

Como él, como ella, todas las revoluciones pasaran siempre desapercibidas para los que estuvieron allí. Estamos tan preocupados por atender la urgencia que nunca nos paramos para saber algo más de lo verdaderamente importante. Ya habrá alguien que se lo recordará a hijos y nietos. Ha llegado ese adelantamiento de género por la derecha y por la izquierda y por fin se puede admirar desde la distancia, con mirada extranjera, un asombroso lenguaje y un nuevo ritmo tan desconocido como inalcanzable. 

Nunca había leído una novela escuchando su propia banda sonora. Una lluvia de canciones repletas de recuerdos antiguos. Cambiando canciones por cada página que pasa, acompañando a esas medias rotas que dicen “camina, camina, no mires atrás”.

De suicida a suicida, hasta que un día dejemos de ser razonablemente no practicantes de esta religión tan llena de contradicciones.  

Nerea Larrubia
Sinopsis: 
Nerea se pasea nerviosa y borracha por la azotea del emblemático edificio de Torres Blancas. Es el Madrid de 1984, en los tiempos de la muy denostada y nunca bien ponderada «movida madrileña». Mientras espera el mejor momento para precipitarse al vacío, intenta buscar la motivación y fuerzas necesarias que le ayuden a hacerlo. Desilusión, desesperación, desencanto… ¿hay algo que le impida hacerlo? ¿existe alguna razón por la que NO debería saltar? Andrea Feldman lo hizo antes que ella y tuvo sus cinco minutitos de gloria que, como su buen amigo Warhol afirmaba, es lo que todos buscamos y necesitamos. KK, su amiga del alma y de fechorías, preocupada por su desaparición, la busca desesperadamente por los lugares que solían frecuentar cuando todavía se lo pasaban bien juntas. Suicida enamorada de la vida es en realidad una alegoría, el rise & fall de la «movida madrileña»: entre todos la mataron y ella sola se murió. Pero en versión tragicómica y con una banda sonora del trece. Porque la música lo intensifica todo. Y en los años 80, de forma muy especial.