Seré duda

Año: 
2016

“Antes, de joven, creía que no había diarios buenos o malos, sino vidas mal contadas. Ahora me parece más sencillo: el problema de muchos diarios es que cuentan vidas mal vividas, y así, lee uno diarios de escritores no para aprender a escribir, sino para aprender a vivir”, escribe Andrés Trapiello en Seré duda, la decimonovena entrega de su Salón de pasos perdidos. Una novela en marcha que publica Pre-Textos.

Veinticinco años después de su inicio con El gato encerrado, se completan con este tomo casi diez mil páginas de esta sucesión de hechos, impresiones y confidencias que se van construyendo como un diario y acaban apareciendo al cabo de los años –este es el diario de 2005- con una distancia que las transforma en novelas:

“Ha dicho uno desde el primer tomo que estos libros son una novela, sólo una novela, no una novela real o unos diarios novelados, sino una novela, un relato largo, algo a lo que la gente no le dé ninguna importancia como literatura, aunque aspiro a que se la dé como algo que tiene que ver con la vida.”

Una vida siempre distinta y siempre repetida, la vida pequeña de un Madrid intrahistórico, su fisonomía urbana y humana, no demasiado distante en el fondo de la ciudad que describieron Galdós y Baroja, la pequeñez de los ambientes literarios, el Rastro y Las Viñas...

Es la vida que refleja este diario diferido o novela rememorativa que se remonta a aquel 2005 en que murió Ramón Gaya y el autor se convirtió en conferenciante-comisionista del Quijote en el cuarto centenario de la obra, y llevó la vida que cuenta aquí: vida de viajante, de bolos y pregones, entre concejales de cultura, taxistas y chóferes.

Precedido de media docena de prólogos –“Si por mí fuera, haría libros sólo de prólogos”-, este volumen toma su título de una frase frecuente entre los futbolistas que no saben si serán titulares o verán el partido desde el banquillo de los suplentes, pero desde ese enunciado resume una actitud vital afincada en la incertidumbre y alejada de las verdades absolutas.

Porque, como señala en las últimas líneas del libro, “cuanto estoy escribiendo está escrito en sueños. Mi vida es sueño. La tuya también. La única certeza.”

 

Andrés Trapiello
Sinopsis: 
Quieren ser los títulos de este Salón de pasos perdidos más o menos significativos. En el de Seré duda, inspirado en el argot deportivo («Josito será duda para el partido de la próxima semana»), se alude a una determinación y a una fatalidad, tanto a una experiencia como a un deseo. La experiencia nos dice que la vida es y será una duda permanente, sólo resuelta en parte, y que las certezas, si son de ley, nos llevan a nuevas dudas. El cartesiano «pienso luego existo» no es en el fondo sino un «pienso luego dudo» y aun un «existo en tanto que dudo». «Escribo estos libros para hablar de las cosas pequeñas. Si me sucedieran grandes cosas, las contaría como si fuesen pequeñas, por eso los lectores de estos libros creo que siempre han disculpado que hable de las pequeñas como si fueran grandes», asegura su autor en uno de los prólogos que vienen aquí. Nuestras dudas son también del tamaño de nuestras certezas. Acaso por ello le haya sido posible a su autor seguir adelante con esta novela en marcha, tan decidido e indeciso. «Seré duda» no es, pues, más que la aceptación de la vida, de todo cuanto viene en ella, y el deseo y la determinación de seguir viviendo sin renunciar a lo que nos mantiene vivos: el combate de nuestras incertidumbres y la esperanza de resolverlas un día. Y a grandes dudas, grandes esperanzas. Así lo sugiere la ilustración de cubierta, una de las últimas de su autor, Ramón Gaya: una jaula vacía y el pájaro que permanece a su lado sólo para recordarnos que al fin es libre.