Todas las canciones hablan de mí

Odio las críticas forenses. Odio los afilados escarpelos que abren científicamente las entrañas de un cuerpo que yace moribundo. Odio saber por qué tuvo que acabar así, fría y pobremente descrito con anotaciones que se repiten siempre en el mismo orden, órgano por órgano, en un ejercicio que se mueve entre el rigor, la curiosidad y el delirio de grandeza de su propio ego.

Quiero alimentar mis recuerdos apilados en cajas de cartón. Quiero que sigan ahí, esperando ser descubiertos, como una puerta abierta a una vida que sé que no volverá y que no debería importarme. Quiero que siempre tengan su espacio. Quiero envejecer sabiendo que aún están a mi lado, aunque sean ellos los que me empujen a salir de mi propia casa.

Odio la búsqueda de lo diferente como umbral que separa el éxito y el fracaso, la portada, el titular, la anotación o la indiferencia.

Quiero ver la huella del tiempo sobre mis libros, con la portada arrugada, las hojas amarillas y anotaciones a lápiz que ahora no reconozco y juraré que no fueron mías. Quiero sentir el olor de sus páginas, pasarlas deprisa con los ojos cerrados y recordar cuando fueron leídas. Quiero ver que ponía aquel trozo de revista que usé para marcar la página. Quiero ver los tres libros que se apilan encima de la mesilla todas las noches antes de acostarme, aunque nunca tengan su momento. Quiero pararme en la dedicatoria de aquel libro que nunca me cansaré de leer.

Odio la ansiedad que me produce sentir la inmensidad del mar golpeándome una y otra vez, sin dejarme respirar, sin poder levantarme. Odio el chantaje del juego de la incertidumbre de un límite desconocido. Escuchar los consejos basados en juicios de otros sobre lo que me perdí, lo que me pierdo y lo que me perderé.

Quiero seguir congelando tu sonrisa cada vez que ocurra. Quiero renovar el pacto con el tiempo y colgarlas protegidas con un marco y un cristal para verte siempre. Quiero dejarlas debajo de un imán para sonreír cada vez que abra la nevera.

Odio la competición como único medio para la victoria. Odio la victoria como único medio para justificar la existencia.

Quiero poder equivocarme, quiero aprender del fracaso, quiero levantarme otra vez. Quiero volver a arrugar aquella carta que te escribí. Arrepentirme y dártela en un momento de debilidad. Quiero volver a verte como intentabas quitarle las arrugas y suspirar para que tus lágrimas no borraran las palabras que salvaron las mías.

Odio que hasta lo intangible tenga su precio. Odio que el precio justifique su valor.

Quiero volver a escuchar aquel disco que me acompañó durante tantas noches de espera. Quiero volver a sentir el ruido de la aguja al pasar por aquella canción sin título. Imperfecta, reescrita con un latido de un corazón extranjero.

Quiero poder vivir en el mundo que a nadie le interesa.

Jonas Trueba
Título Original: 
Todas las canciones hablan de mí
Director: 
Jonas Trueba
Guión: 
Jonás Trueba, Daniel Rodríguez Gascón
Nacionalidad: 
España
Duración: 
107
Interpretes: 
Oriol Vila, Bárbara Lennie, Miriam Giovanelli, Ramon Fontserè, Eloy Azorín, Valeria Alonso, Isabelle Stoffel, Bruno Bergonzini, Ángela Cremonte, Maite Blasco, Daniel Castro, Rebeca Sala
Sinopsis: 
Película que gira en torno al tema del amor, pero esta vez bajo la premisa de un chico que trata de olvidar a chica, en una historia bastante más difícil de sobrellevar, sobre todo cuando la chica de la que te acabas de separar vuelve una y otra vez en cada uno de los recuerdos de tu vida pasada y tienes la sensación, como dice Jonás, que "todas las canciones de amor hablan de ti".
Estreno: 
Tuesday, October 12, 2010
Género: 
Comedia romántica