Nader y Simin, una separación

Están sentados en una mesa ovalada. Un sillón de cuero, un portafolios, un vaso de agua y un micrófono. Hay un botón que enciende una luz roja que anuncia una próxima intervención. Pero cualquiera que se inclina no habla, sólo juzga. Cada palabra se transforma en un mandato que mira por intereses propios y olvida cualquier otro motivo. Señalan el próximo culpable y la vida empieza o acaba cuando se aleja del micrófono y se vuelve a recostar en el mismo sillón. Sólo entonces se apaga la luz roja sangre.

En ese país juzgado hace tiempo que espera pacientemente la ejecución de la sentencia, la vida se abre paso. Aunque sólo sea por la inercia de las civilizaciones que allí estuvieron, vivieron y desaparecieron. El sentimiento de la cultura subterránea que sobrevive a las prohibiciones con la inteligencia de un flequillo que se escapa casualmente de un velo. Las imágenes que nos llegan de un cine que resucita cuando llegan las sombras de la noche y las luces se apagan. La oscuridad trae las guitarras, los libros, los pinceles y las cámaras. Y unas manos desesperadas encuentran su consuelo en la resistencia que cubren tupidas cortinas negras. Las mismas víctimas que se convertirán también en efectos colaterales de jueces de sillones de cuero.

La vida se abre paso a regañadientes y llega sin distinción de nacionalidad a su punto de inflexión. Ese en el que la felicidad con su vestido alegre llega a su meta final. El globo no puede hincharse más y a partir de ese momento comienza la cuenta atrás. Sin darte cuenta, el aire se escapa entre tus manos y no puedes hacer nada por pararlo. Sólo te queda la oportunidad de acercarte al orificio de entrada y sentir el consuelo del recuerdo de ese aire al salir. El mismo que un día pusiste con todas tus fuerzas y juraste mil veces que siempre lo defenderías. Pero aprendiste pronto que ya nada depende de ti y te culpabilizas al reconocer que sólo encontraste un globo de fiesta para guardar todos los momentos que te gustaría recordar.

Ese aire que salpica las manos viene lleno de decisiones: tu mujer, tu hija o tu padre. Todo lo que amas y que tanto costo conseguir, tu vida, tu peor juez sin sillón de cuero, te pone todo a la vez en la misma balanza, siempre bajo la atenta mirada de una dramática cuenta atrás donde cualquier decisión siempre será equivocada.

Los jueces de sillones de cuero y micrófonos de luces rojas olvidaron los recursos del talento encerrado en tantos siglos de conocimiento. El torrente interpretativo, la creatividad de la dirección y la majestuosidad de un cinta que jamás te atreverías a señalar que, debajo de ese envoltorio sencillo, se puede leer que fue hecho en Irán y que se llevó todos los premios posibles del Festival Internacional de Cine de Berlín, la grande e imprescindible Berlinale, junto con nuestra admiración y sorpresa.

Asghar Farhadi, #59SSIFF
Título Original: 
Jodaeiye Nader ez Simim
Director: 
Asghar Farhadi
Guión: 
Asghar Farhadi
Nacionalidad: 
Irán
Duración: 
123
Interpretes: 
Leila Hatami, Peyman Moadi, Shahab Hosseini, Sareh Bayat, Sarina Farhadi
Sinopsis: 
Cuando su esposa le deja, Nader contrata a una joven para que cuide de su padre enfermo. Pero no sabe que la mujer no solo está embarazada, sino que trabaja sin el consentimiento de su perturbado marido. Nader no tarda en encontrarse en medio de una maraña de mentiras, manipulaciones y enfrentamientos.
Estreno: 
Tuesday, September 13, 2011
Género: 
Drama