En la casa

Cuando te pregunté qué era el cine para ti, dibujaste en mi imaginación una película que se transformaba en mujer y el espectador en un indeciso, abrumado, torpe y despistado cómplice de un tango. Agarrado de su cintura, y empujado por la aventura, te arrastra rápido hacía un destino desconocido, para luego dejarte caer en el mismo suspiro, para luego recogerte y llevarte al cielo, justo cuando sus ojos se cierran y su sonrisa desaparece a escasos centímetros de tus labios.

Cuando me devolviste la pregunta, te conté aquella vez que realmente resultó ser la primera. Era una noche sin luna ni estrellas, de calles vacías y lluvia silenciosa. Las luces de las farolas se reflejaban en los charcos del suelo difuminando formas y colores, transformando todo en sombras sinuosas. Un sonido de acordeón que subía y bajaba te atraía hacía una barandilla blanca sin horizonte. Justo a la derecha, un tiovivo sin niños marcaba el centro del parque adoquinado. Detrás había edificios señoriales que habían absorbido el color anaranjado de la arena que arrastra el mar.

La barandilla era una advertencia que no supe identificar, un punto que no debía sobrepasarse, aunque no hubiera ningún cartel que lo indicara, como si cualquier intento hubiera resultado inútil y no valiera la pena hacer ningún esfuerzo más por impedirlo. De todas formas ya había llegado y, una vez allí, siempre es tarde. Apoyado sobre el frío descubrí el mar que susurraba queriendo entrar en la cuidad mientras dormía. Estaba allí y lo único que nos separaba era aquella fría barandilla blanca de metal. Las luces que se escapaban se reflejaban en aquel mar que latía con ritmo tranquilo y constante.

Cuando cerraba los ojos, una isla cercana se convertía en una pantalla blanca. En ella aparecían personajes sin prisa hablando en el idioma de sus sueños, tal y como fueron contados la primera vez, sin pensar en cualquier juicio social que pudiera romper el encanto de su euforia. Hacía calor y estaba sentado en una butaca roja, pero alguien acercaba su coche y abría la puerta con un oferta irrechazable. En la invitación había una melodía escondida, que no se parecía a nada que hubiera escuchado antes, porque quién la cantaba nunca había salido de aquel coche de asientos de cuero que se lamentaban en cada curva.

Cuando recuperas la visión, las sombras siguen iluminando un horizonte que suspira, agoniza, atrae y pervierte, con sólo una fría barandilla metálica que separa lo desconocido del gris del suelo. La tierra rodeada es ahora un edificio con ventanas sin cortinas. Las personas se convierten en personajes que deambulan por ellas, cada uno con su propia historia que espera ser contada.

Durante el año sueño que vuelva el día en que pueda sentarme en un banco, acompañando a Germain y Claude en la película de François Ozon, y compartir el deseo de formar parte de una realidad que no es mía y crear otra realidad que quisiera que fuera la mía y odiar mi realidad que no quiero que sea mía y dibujar el camino de la evasión en los sueños de los demás.

En la casa de Fraçois Ozon, ganadora de la 60 Edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, la mejor definición de Cine en la ciudad del Cine.

François Ozon, #60SSIFF
Título Original: 
Dans la maison
Director: 
François Ozon
Guión: 
François Ozon; adaptación libre de la obra de teatro “El chico de la última fila”, de Juan Mayorga.
Nacionalidad: 
Francia
Duración: 
105
Interpretes: 
Fabrice Luchini (Germain), Ernst Umhauer (Claude), Kristin Scott Thomas (Jeanne), Emmanuelle Seigner (Esther), Denis Ménochet (Rapha padre), Bastien Ughetto (Rapha hijo), Jean-François Balmer (director), Yolande Moreau (gemelas), Catherine Davenier (Anouk).
Sinopsis: 
“En la casa (Dans la maison)”, de François Ozon, trata sobre las relaciones entre un profesor y uno de sus alumnos, un juego ingenioso en el que la realidad y la ficción se entremezclan hasta confundirse y en el que no se sabe qué oscuras intenciones esconde el joven o hasta dónde llegarán sus maquinaciones.
Estreno: 
Thursday, November 8, 2012
Género: 
Thriller