The same clowns, the same shoes

Robert Doisneau

 

A veces me gustaría ser ciego. Tocar y tocar. Por placer, por supervivencia, por rutina o sin motivo alguno. Tocar sin ningún tipo de expectativa. Sin saber si la interpretación, especialmente preparada para la ocasión, gustará, o no, al transeúnte ocasional. Ni siquiera tratar de pretenderlo. 

Sentir, sin embargo, el calor de la gente que se agolpa a tu alrededor inesperadamente. Sonreír un poco, escondiendo la satisfacción debajo de un viejo abrigo gris y concentrarse lo más posible en la siguiente pieza. Tocar con fuerza, olvidando la debilidad de unos huesos cansados. Preparar el repertorio para combinar momentos que se muevan entre los extremos que viajan de la melancolía a la euforia, pero sin conceder tregua alguna. Tocar y tocar. Tocar como si fuera la última vez. 

A veces me gustaría ser ciego, como él, y no descubrir jamás que, realmente, nadie está prestando atención. Nadie, excepto yo quizás, que trato de escribir, escondido aquí detrás, las notas de esta historia para que nunca se me olvide, aún sabiendo ahora que, probablemente, tampoco haya nadie que las vaya a leer.

Saturday, November 13, 2010