Suplicando poder equivocarme

Dara Scully

 

Le gustaba coleccionar fotos suyas que nunca veía. Se sentaba en la cama y las pegaba en libros de pastas de colores. Las estanterías estaban llenas de ellos. 

Un día su novio le regaló una preciosa cámara compacta. Enumeró una lista interminable de características técnicas que hacía de aquella minúscula cámara mejor que las demás. Aunque ella sólo recordaba que siempre podría llevarla encima, que cabía incluso en el bolsillo del pantalón y que podría hacer fotos en cualquier momento. Cuando vio su cara abrumada después de aquella larga explicación, su novio la tranquilizó moviendo la rueda hacía el color verde. Dijo que siempre podía ponerla en modo automático y que todos los reglajes se ajustarían solos para conseguir la mejor foto posible.

Estuvo probando la cámara durante varios días. Hacía fotos a casi cualquier cosa. Al principio le llamó la atención que ya no tuviera que acercarse la cámara a la mejilla y mirar por el agujero misterioso para saber lo que había detrás. Ahora tenía que extender los brazos y alejarla lo máximo posible.

Un día su novio entró en su habitación y la volvió a ver subida en la cama, rodeada de fotos recién sacadas con su vieja Polaroid. Él no entendió nada cuando ella le dijo que sólo quería tener la oportunidad de equivocarse. 

Encima de la cama sólo había fotos quemadas y aunque su novio seguía hablando de cierto programa informático de retoque fotográfico que, aplicando un determinado filtro, podría conseguir un efecto similar, ella hacía tiempo que no le escuchaba.
 

Wednesday, January 5, 2011