Somewhere

Alvaro Sanz

Vuelvo en tren, cómodamente sentado. Siempre me ha gustado viajar en tren. Aunque ahora miro a mi alrededor y todo el mundo va pendiente de sí mismo, leyendo, durmiendo o tecleando en su ordenador portátil. A mí, sin embargo, me apasiona mirar por la ventana y ver ese paisaje vertiginoso que corre a mi lado. Hoy estoy sentado mirando hacía atrás, en sentido contrario al avance del tren. No me gusta, diría que me deprime, como decía Benedetti. Me entristece mirar por la ventana y ver como el paisaje se va, se desvanece y se muere. Será por eso por que he cogido un libro, me disponía a empezar a leerlo cuando ha aparecido una foto tuya. La verdad es que no me acordaba que me lo habías regalado. Seguro que te reirías si me ves ahora mirando tu foto después de tantos años. 

Ahora te veo y no sabría que decirte. Después de todo, el mundo de tecnología, investigación y desarrollo no se diferencia de ningún otro. Te conviertes en otro vendedor ambulante, un poco más estrafalario, ofreciendo ideas por medio mundo, viendo el desprecio y la indiferencia de las grandes corporaciones. El juego esta en unas manos que sólo saben poner un precio y tu sólo eres una pieza que mueven a su antojo. De todas formas no me fue mal. He ganado bastante dinero. Tengo una bonita casa en las afueras de la ciudad, una esposa y dos hijos. Sí, ya lo sé, supongo que queda poco del soñador revolucionario que quería cambiar el mundo. Ese que se fue un día para perseguir sueños a los que no podía invitarte. 

No te lo vas a creer pero en mi recuerdo siempre estará aquella imagen que nunca lograré olvidar. Fue cuando te miré por última vez desde el espejo retrovisor de mi coche, justo después de despedirnos. Fue hace algo más de diez años, creo. Fijate que hasta hoy no me había dado cuenta de lo equivocado que estaba. Ahora sé que, realmente, todo fue al revés. El que se quedó, atrapado por este mundo, fui yo y la que supo huir y escapar de su sed insaciable fuiste tu.

Sunday, February 20, 2011