2ª Edición Bellamátic-Photolatente

La Fábrica 2
C/ Verónica 13
Madrid
18 de octubre de 2007
http://www.photolatente.com

Latente adj.
Que existe sin manifestarse al exterior.

Siempre he observado con cierto desconcierto los gestos curiosos de un niño cuando se enfrenta a un regalo. Siempre me he preguntado por qué le gustarán tantos los envoltorios, tanto o más que el propio juguete que se esconde en su interior. Contemplo fascinado como mira el paquete y lo mueve en todas las direcciones. Lo gira y lo estudia desde todas las perspectivas posibles. Cuando observa algún resquicio, o la impaciente indicación de algún adulto, comienza la tremenda aventura de rasgar el papel y descubrir que detrás existe algo escondido. Aquí es cuando un arrebato de emoción incontrolable empieza a recorrerle todo el cuerpo, el suelo se llena de tiras de papel y queda al descubierto un nuevo recipiente desnudo. En forma de caja rectangular sigue sin dejar entrever lo que encierra en su interior. Vuelve el estudio, los movimientos y los giros. Intenta escuchar como si el sonido pudiera advertirle de lo allí se esconde. De nuevo llega la clave, esa luz que parece indicarle la solución al enigma. Parece que se abre y allí aparece el juguete esperado. Sin embargo, lo deposita cuidadosamente en la mesa, como si fuera algo seguro y continua observando el interior de la caja, esperando que exista algo más en su interior. Cuando se da por vencido vuelve a observar las tiras de papel que ahora pueblan el suelo. Recoge una a una, esperando que detrás de alguna exista otra clave, otro objeto escondido, otra sorpresa. Ninguna de esas emociones es ni mucho menos comparable al regalo en sí, lo seguro pierde esa curiosidad, no es nuevo, era previsible y carece de interés.

Cuando la infancia se convierte en un recuerdo lejano, la sorpresa se convierte en una quimera cada vez más complicada de alcanzar. La frustración comienza a ganar terreno mientras la búsqueda por encontrar algo que pueda llegar a sorprender y consiga traspasar ese umbral, tan fácil de sobrepasar en otras épocas, siga siendo infructuosa. El listón está cada día más alto. Sin embargo, a pesar que la creatividad o la imaginación puedan estar devaluadas hoy en día y que muchos piensen que está todo inventado, mientras ven la televisión sentados cómodamente en su sofá, otro seguimos pensando que no todo está perdido y que aún sigue existiendo el talento a pesar de todo.

Y aunque escape a toda lógica racional aún sigue existiendo personas que ponen su esfuerzo en pos de su sueño particular y buscan los medios de llevarlo a cabo para volver a sorprendernos y encontrar la reacción de aquel niño que fuimos. Oscar Molina, la revista La Más Bella y La Fábrica se unen para presentar la segunda edición de Photolatente que llega una bofetada de creatividad en las mejillas desencantadas.

Servido en el primer dispensador de creatividad automático, también llamado Bellamatic, más de 2000 sobres con fotografías latentes aguardan en sus entrañas. Por sólo 0,60 céntimos el sobre cae sobre la puerta como si fuera una lata de refrescos. Totalmente negro, con etiqueta gris y resguardado con plástico transparente, el sobre photolatente se convierte en ese regalo desconocido en manos de un niño. Se estudia con esmero, se gira, se mueve, se escucha su interior pero nada parece advertir lo que esconde. Los gestos son mucho más suaves, su aspecto frágil hace cuidar todos los detalles. Las instrucciones indican que guarda un registro latente que puede generar una imagen visible. La decisión queda en manos del curioso propietario. Revelar ese papel impresionado y terminar de una vez por todas con esta angustia o dejarlo guardado en aquella estantería, por ejemplo, sin llegar a saber nunca que hay dentro. Esta segunda opción produce mucha más curiosidad, imaginando las miles de imágenes que pudieran estar dentro. A lo mejor se guarda una obra de arte que nunca será descubierta.

Para esta segunda edición, la revista La Más Bella ha editado un catálogo conmemorativo. Con el sobre aún palpitando sobre la mesa, sin quitarle ojo por supuesto, comienzo a leer las ocho postales que contiene. Cada postal, nos advierten en la presentación, presenta una cara cubierta y debajo esconde algo también latente.
De nuevo la excitación me invade, busco una moneda y comienzo a rasgar el velo gris que lo cubre. Debajo me encuentro nuevos textos y nuevas fotografías. Seguro que ese sentimiento de sorpresa redescubierto se quedará aquí un tiempo y volverá a dejar intacto el recuerdo olvidado.

Los más de 2000 sobres se conviertes en mensajes encerrados en botellas que se lanzan en un mar encrespado e inhibido a estímulos externos. Esperan ser encontrados o perderse para siempre quedando únicamente en el recuerdo de su anónimo autor.

La más bella
La fábrica
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Arte, La Más Bella