Puta Fábrica

Autor: 
Efix y Jean-Pierre Levaray
Año: 
2008
Formato: 
144 páginas en B/N, 165×240, encuadernación en rústica cosida

Mientras el detalle de las personajes se va difuminando y se convierten en sombras negras, allí está ella, la fábrica, con enormes chimeneas humeantes, con sus laberínticos pasillos llenos de tubos que se pierden en innumerables galerías. La fábrica, siempre resaltada, en primer plano, testigo inmóvil del paso del tiempo. Con paredes que engordan cada segundo con pedazos de otras vidas, de todos los que estuvieron allí antes, un día y otro más.

Los hierros y las enormes chimeneas humeantes ya quedan en el recuerdo de unos pocos, salvados en las viñetas de este cómic o en el recuerdo gráfico, inmortalizado en papel, y guardado en alguna vieja hemeroteca en vías de extinción. El hierro, el humo y el cemento han desaparecido y en su lugar crecen edificios de cristal. Las herramientas colgadas del cinturón, los paseos entre tubos humeantes y el repaso de miles de válvulas han dejado paso a cubículos separados por pequeñas mamparas, donde las horas pasan igual de despacio, sentado delante de una pantalla y arrastrando los dedos por un teclado donde ya no se distinguen los símbolos de algunas teclas.

La desolación del último capítulo cae repentina como la lluvia de una tarde de agosto y pesada como una losa que nunca podrás apartar del camino. Aparece el mismo reflejo en el espejo donde ahora se miran otros. La misma conversación en otro bar de una ciudad no tan diferente. La misma enumeración de sueños y certezas. La misma falsa libertad cuantificada en billetes, que sientan tan bien en el traje nuevo. Las mismas palabras que cualquier otro adicto antes de emprender la efímera huida.

La tuerca vuelve a dar un giro más, cuando ya parecía imposible, bajo la excusa de una nueva crisis reinventada y provocada por una especulación imaginaria que alimenta una espiral que ya nadie podrá parar. Cada día se deshace un paso de aquella lucha desigual que algunos ganaron. Ahora solo se ve resginación en caras que no tienen gestos, en cuerpos que no son libres, atrapados, para siempre, en condenas reconvertidas en perpetuas. Nadie hará nada, nadie se preocupara por otro. Sin intermediarios, como una religión sin instituciones.

Nunca fue capaz, nunca fuimos capaces, nunca fui capaz. El miedo al cambio, el terror a lo desconocido.

Mañana iré a trabajar...

Sinopsis: 
Treinta años de vida (y muerte) en la fábrica: los compañeros perdidos, los accidentes, el alcohol, las huelgas, los momentos de revuelta, la alegría del aperitivo con los compañeros...<br>Una fábrica que espera, como tantas otras, el cierre final, la externalización, la deslocalización. Y en medio de todo ello: esos obreros que siguen rompiéndose el espinazo por mantener encendidas las calderas y de los que ya nadie habla.<br>Jean-Pierre Levaray narra en esta obra algo que conoce demasiado bien: el trabajo en la fábrica, «esta vida perdida», «esta vida, ya de por sí corta, y que el curro te araña despacio»...<br>Y Efix la plasma con su dibujo en blanco y negro, duro, expresivo; perfecta combinación para describir el universo cerrado y agobiante que sufren miles de personas cada día.